Es mas seguro rechazar la entrevista antes que nos rechacen a nosotros


Nuestro subconsciente es la embarrada.

Nos quejamos que no tenemos entrevistas. Cuando por fin nos llaman a entrevista, buscamos todos los peros posibles: la empresa no me gusta, el salario es muy poco, queda muy lejos, etc…

Nosotros nos cuidamos el ego, y no nos gusta recibir un no. Tenemos una victoria pírrica interna cuando le decimos no al cargo antes de siquiera tener la entrevista.

El problema es que eso nos quita actitud y daña nuestras posibilidades de tener éxito en la entrevista.

Solución: no haga juicios sobre las entrevistas ni los empleos hasta que nos hagan oferta. Si sabe que realmente no le gusta, téngala como una entrevista de práctica. Además, usted no sabe si el darse a conocer ahí le abre puertas para nuevas oportunidades.

No se dañe su opciones, haga todas las entrevistas para la conseguir el empleo.

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La ansiedad por generar una buena impresión puede dañar su entrevista


Suena contra-intuitivo pero es cierto. Todo lo que genere ansiedad o nervios en una entrevista puede jugar en su contra.

La ansiedad es su peor enemigo en una entrevista, ya que el deseo de agradar le hace exagerar y decir cosas que no quería decir o no son ciertas.

No hay necesidad de tener esa ansiedad. Esperamos que les agrademos, pero por lo que somos. Si no les gustamos, bien, a otros si.

Suena como buscando novi@. Es exactamente igual. Las personas que sienten nervios o ansiedad en la primera cita siempre terminan haciendo algo que no querían. Eso pasa en la entrevista.

Nos da ansiedad también porque creemos que no hay muchas mas oportunidades. Eso viene de una pobre búsqueda laboral. Si implementa todas las estrategias de 48 Días, al poco tiempo debe estar teniendo múltiples entrevistas, lo que le da la confianza que no solo hay UNA oportunidad.

Relájese en la entrevista, así le ira mejor.

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Pequeñas victorias


Nunca olvidare la vez que pude correr 30 minutos sin parar. Estaba en un momento critico de mi vida, sin nada funcionando y lleno de “no’s”. Pesaba 100 kilos, mi moral y mi autoestima no podían estar peor. Esa primer éxito en la trotada me recordó que si podía hacer cosas, que si me dedicaba a algo lo lograba. En enero corrí mi primera maratón y gracias a Dios ese momento de mi vida es un recuerdo.

Nuestros sueños (espero) siempre son grandes. Al ser tan grandes, las posibles victorias requieren mucho tiempo y dedicación. Aquí es donde entra a jugar la moral, ya que al no ver avances claros podemos perder actitud y tenacidad.

Para poder mantener una moral alta, es necesario tener pequeñas victorias. Si voy a correr una maratón que tiene 42 kilómetros, me alegro con cada pequeña victoria (personalmente, mi primer 10K fue lo máximo).

Estas pequeñas victorias le recuerdan que usted si es capaz y le dan un empuje a su autoestima.

Dentro de sus planes, por muy grandes que sean, no se olvide de incluir pequeñas victorias que le alegren el día.

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Cumpla su palabra, no se mienta a si mismo.


Amanecí sin actitud hoy. El sentimiento de desasosiego que tengo en este momento es grande. No sabía porque era, hasta que me puse a mirar que había pasado, porque todo estaba bien. Aun así, no me sentía bien.

Ayer no salí a trotar, me dije “troto mejor el viernes”. Hoy amanecí perezoso y no salí a trotar. Al pensar en esto, me sentí decepcionado de mi mismo, de sacar excusas. Es una bobada, pero la verdad es que me mentí a mi mismo.

Lo más importante que hay es ser sincero con uno mismo. No solo a sus principios, valores y a lo que uno ES.

Es fundamental que cumplamos los compromisos que nos hacemos a nosotros mismos.

Si pensamos algo y decidimos hacerlo, hágalo. Puede pensar que el no cumplirlo no tiene consecuencias. Sin embargo, emocionalmente, dejamos de confiar en nosotros e imperceptiblemente, nuestra autoestima baja.

Póngase a pensar, si usted no se cumple, debe ser porque usted no es lo suficientemente importante para cumplirse su propia palabra. No es lo suficiente. Siempre hay otras cosas más importantes.

Pueden ser cosas pequeñas, como levantarse temprano, hacer ejercicio o comer mejor. Aun así, las repercusiones son grandes. Su actitud decae, tumbando su ánimo e imagen. De repente, se da cuenta que ya no tiene ánimos para nada. Para que, si igual no SOY importante.

Sea impecable con sus palabras, sobretodo con las que se dice a usted.

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La obsesión del trabajo


Cuando por fin conseguimos el trabajo que tanto deseamos, tenemos la necesidad de probarnos.

El problema es que lo exageramos. Nos centramos en el trabajo y se nos olvida para que trabajamos y para quien…

Nos olvidamos de nuestra familia, de nuestros amigos, de nuestro estilo de vida. Se nos olvida que trabajamos es para hacernos felices y hacerlos felices.

Nunca nadie en su lecho de muerte ha dicho “ojala hubiera estado mas tiempo en la oficina”.

Creemos que el estilo de vida del “workaholic” es el mejor. Pero se nos olvida que una persona que no tenga balance en su vida, va a terminar sufriendo por algún lado, ya se en su salud, en su familia, estilo de vida, etc.

No se deje de llevar por la vida, por favor, recuerde las cosas que hacen que la vida sea alegre.

Llegar tarde a una entrevista


Es inconcebible. Es un pecado capital. ¿Cómo es posible que alguien llegue tarde a una entrevista? Es una señal clara que no le interesa el empleo. Si el reclutador lo toma en cuenta, esta aceptando que esa persona no le cumpla en la empresa.

Sin embargo, son muchos los que llegan tarde. Si, obvio, hay algunos que les pasa algo, un accidente o cualquier imprevisto. En nuestras ciudades modernas, el tráfico no es una excusa. En el curso siempre recomiendo llegar 30 minutos antes al sitio de la entrevista, dándole suficiente tiempo para imprevistos. Recomiendo ENTRAR al lugar de la entrevista 10 minutos antes.

La verdad, mucha gente llega tarde a la entrevista por su actitud derrotista. Sienten que van a  ser descartados o que no son los suficientemente capaces…

Nosotros somos nuestro peor enemigo, no sabotee su búsqueda.

El miedo al fracaso y el confort de la aprobación publica


Nosotros le tenemos más miedo el fracaso, no por el golpe que nos vamos a dar, sino por la pena a que genera el que nos vean caer.

Todavía somos niños chiquitos, que al caernos, lloramos solo si nos están viendo.

Obviamente el fracasar es doloroso. Pero, en nuestras mentes, es mucho peor la humillación pública. La sociedad nos juzga y nosotros caemos rendidos a su veredicto.

Nosotros no nos arriesgamos porque es mal visto caerse. Porque no podemos mostrarnos en una posición de fracaso. Porque debemos mostrarnos exitosos y hacer orgullosos a la gente que queremos (y de paso generarle envidia a la gente que no queremos).

¿Cuántas oportunidades hemos perdido simplemente por este miedo? Lo más probable es que ya estaríamos en el lugar de éxito que queremos si no le hubiéramos puesto atención al “que dirán…”

¿Vamos a tomar control de nuestra vida y tomar riesgos en lo que queremos o vamos a seguir escudándonos en la seguridad de la aprobación pública?

Arriesguémonos por nuestras pasiones. Arriesguémonos por nuestros sueños. Arriesguémonos a vivir la vida.